La crianza y su impacto ambiental

La carne es indispensable para el desarrollo integral del hombre sobre todo en las primeras etapas de crecimiento y en el desarrollo de habilidades neuromotoras, pues nos provee de nutrientes esenciales y contiene elementos necesarios para nuestro óptimo desarrollo.

Sin embargo, la carne tiene un costo muy alto de producción si hablamos de sus efectos en el ambiente. Por ejemplo, producir 620 kg de carne de res utiliza por lo menos 1000 lts de agua para producir 1 kilo de carne. El agua se adiciona con complementos metabólicos los cuales invariablemente tienen un impacto negativo en la vida bacteriana saludable del suelo, porque la aniquila.

Cuando la res entra en proceso de crecimiento o engorda, consume por lo menos el 10% de su peso en pasto/forraje (un estimado de 60kgs de fibra) más un 1% de su peso en grano y minerales balanceados (6 kgs) cuyo costo es de 42 a 58 pesos diarios. Otras carnes, como la de conejo, por ejemplo, cuestan entre 2 y 8 pesos diarios, debido a que otras especies son más receptivas a otros alimentos y la res no, por lo tanto, el impacto ambiental del cultivo de res es mucho más agresivo para el ambiente al solo alimentarse de un tipo particular de alimento.

Muchas granjas de crianza acuícola cuyos sistemas de producción se establecen en el mar o en algún rio han demostrado ser un fiasco ambiental, como es el caso del salmón chileno, el cual era considerado como el de la mejor calidad en el mundo. Desde hace más o menos una década han comenzado a florecer sistemas productivos de acuicultura dentro del continente, la mayoría de ellos sistemas terrestres, utilizando alta tecnología la producción es lo suficientemente buena sin dañar los recursos naturales y sobre todo sin dañar recursos naturales con productos químicos.

En mi opinión, la crianza y el consumo de proteína acuícola actual (peces de mar o de agua dulce, moluscos, crustáceos, etc) está marcando un futuro decisivo para dejar de dañar al medio ambiente. Es un hecho, debemos ayudar a recuperar los ecosistemas. Recordemos, del mar nació la vida en este planeta y atentar contra su equilibrio es atentar con la propia subsistencia.

Alejandro Elizondo, Rancho la Luna