Hablar de suerte es muy común entre pescadores. No es raro decir que alguien tiene mucha suerte porque increíblemente es el único del grupo al que le pasan los peces cerca o los encuentra con facilidad. Yo coincido en que la suerte juega un papel importante, pero definitivamente en la mayoría de los casos es la experiencia e intuición lo que hace las cosas sean más fáciles al momento de emprender la aventura.

En una ocasión casi le dispare a un pez ballesta que pasaba solitario frente a mi. No se veía nada más a mi alrededor. Entonces, justo cuando estoy cargando el arpón, ¡emerge por debajo de mi una espectacular barracuda gigante! ¡Salió de la nada! Nadaba lentamente a mi costado casi burlándose, yo mientras apreciaba su belleza y majestuosidad. Así, como esta hay muchas historias de colegas pescadores, similares y divertidas. Existirá siempre el factor suerte, de esto se trata la pesca.

Cada mañana al despertar, antes de ir al mar, hay en mi y en mis amigos una sensación de felicidad que no se puede describir. Solo esperamos ansiosos el momento para salir de pesca. Es una actividad que se vuelve obsesión. La noche anterior es de los momentos más emocionantes de salir a pescar. Estás haciendo la check-list del equipo, rogando que no se te olvide nada. Revisas en tu mente los arpones para decidir cual usaras, si las cámaras tienen suficiente batería o si tendrás que pasar a la gasolinera antes de subir a la lancha. Ya acostado en cama, apunto de dormir, imaginas los sitios que visitarás en la próxima expedición, las profundidades que alcanzaras y sueñas con esa presa tan deseada que sabes te hará el día

Los nervios que tanto te invadían desaparecen una vez que entras en contacto con el agua y poco a poco te sumerges en el gigante azul. La presa en ese momento es lo menos importante. Tus sentidos se deleitan con el hábitat marino, enfocándose en los pequeños cardúmenes, los peces solitarios o aquellos animales que se esconden entre el coral y las rocas, como la langosta o la morena. Tu mente no se olvida de la presa, de encontrarla y tener la oportunidad de cazar. A veces la emoción te hace desesperar, pensar que quizá estés perdiendo tiempo y que cuando pase tu presa soñada… tu arpón esté descargado. Suele suceder con mayor frecuencia de lo que uno cree.

En Playa del Carmen como en otros lados siempre encontrarás grandes sorpresas. Como aquella vez que desde la lancha observamos a lo lejos una mancha oscura en el azul turquesa y rápidamente llame la atención al capitán para que se acercara y lo viera también. Regresamos a explorar más de cerca. En un principio pensamos que era un tiburón ballena, ¡pero al acercarnos nos percatamos que era una mantarraya gigante! Es un animal impresionante y hermoso, un espécimen que nunca había visto en estas costas. Así que en ese momento tome las aletas, el visor y corrí por la cámara. No podía perderme esa oportunidad de saltar al agua y nadar junto a ella, admirar su belleza y tomar la foto del recuerdo.

En otra ocasión una ‘gran cayume’, ‘cabezona’ o mejor conocida como ‘tortuga caguama’, se acerco sigilosamente hacia el grupo emergiendo desde lo más profundo, dirigiéndose directamente a nosotros. Quiero imaginar que su intención era simplemente  saludarnos. La realidad fue que más bien llego a investigarnos. Fue una experiencia muy entretenida que de primer momento resultó en un cliente asustado, pero al final se iluminó una gran sonrisa en su rostro. Estas y otras muchas anécdotas son sumamente comunes en nuestras aventuras de pesca. En próximos artículos les hablare de algunos encuentros no tan gratos.

¡Hasta nuestra próxima aventura!