Muchas veces salgo al gimnasio y pregunto, “¿porqué vienes al gimnasio?”. La mayoría contesta lo mismo: “para verme bien”. Está excelente, qué bueno que te veas bien, pero y la salud? ¿Qué estás desayunando? ¿Proteínas en polvo, licuados seudo-nutritivos? Yo sinceramente estoy en contra de todo lo que viene en polvo o procesado. No es lógico que comas todo lo que la tierra nos provee en polvo. ¡Cómetelo como te lo da!

Hay quienes dicen que requieren un kilo de espinacas para obtener cierto nutriente. Si escuchas a tu cuerpo no requieres de kilos de cosas, vas a comer lo que tu cuerpo te está pidiendo. Si tenías 10kg de mango y te entraron, ¡qué bueno! Pero si te entraron solo 8, ¡también! Escuchaste a tu cuerpo, escuchaste sus límites. Te dijo, “Hasta aquí, no más, porque esto es lo que necesito. Esta es la energía que puedo eliminar. Esta es la energía que requieres”.

Yo hago terapias de desintoxicación hepática y tengo muchos clientes que llegan diciendo que su nutriólogo les dice que no coman frutas ¡porque tienen mucha azúcar! De entrada, las frutas no tienen azúcar, tienen fructuosa. El azúcar es un producto refinado que viene de la caña. La fructuosa es el dulce natural en las frutas y al consumirla nuestro cuerpo emplea esa energía inmediatamente. ¿Cómo es posible que un nutriólogo le diga a un paciente que no puede comer fruta pero sí los sobres que quiera de Splenda para su café o su té? Siendo que la Organización Mundial de la Salud ya comunicó que el Splenda daña tus articulaciones. ¡Es un veneno!

Estamos en un zigzagueo hacía la salud, ¡cuando podríamos ir directo! Es más fácil para un médico extirparte la vesícula –ya saturada de la porquería de alimentos que no se procesaron bien, que el cuerpo no pudo digerir y que con los años te hicieron daño–, que hacer un tratamiento para limpiarla, dar seguimiento a un cambio de hábito alimenticio para revertir la enfermedad y entonces comiences a prevenir.

Estudié la carrera de chef pero ya hace años me salí de la cocina de los restaurantes. Cuando nació mi segunda hija decidimos dejar mi profesión por un rato para dedicarme a mis hijos. Empecé a estudiar sobre temas alternos que tienen que ver con la alimentación: medicina alternativa, acupuntura, terapias, masajes, etc.

Tuve un gran maestro –un médico totalmente dedicado a las terapias alternativas– del que pude aprender sobre este sistema de alimentación aliado con la salud. A su consultorio llegaban pacientes con diabetes, en sillas de ruedas. “Si tu realmente quieres pararte de ahí, tienes que cambiar tu alimentación”, le decía. La gente salía de ahí con su arsenal de hierbas, agujas, cuarzos y una lista de alimentos que incluir en tu dieta, sin prohibirte nada.

Mi propuesta es “La salud toca tu puerta”. En mis terapias voy yo a cada casa a preparar los alimentos para el tratamiento. Esto porque lamentablemente pedimos ayuda cuando ya nuestro cuerpo no puede más. Quien me contrata es casi siempre porque esta intentando sanar una enfermedad, desintoxicarse y cambiar de hábitos alimenticios. Cuando esa persona comienza a sentirse mejor y entiende que esto funciona, automáticamente quiere incluir a su familia.

Tú puedes ser esa primera célula de cambio. ¡Atrévete a crear nuevos hábitos de alimentación! Escuchar a nuestro cuerpo es el primer paso. ¡Hasta la próxima!