La tartrazina es un colorante controvertido que se incorpora con demasiada alegría a la multitud de alimentos dirigidos a los niños, como bebidas, helados, caramelos, chicles, y una larga lista de productos que se consumen a diario. En definitiva casi todo lo que tiene tonalidad artificial amarillo – naranja. La tartrazina es de la familia de los colorantes azoicos polvos que coloran muchas de las bebidas de sabor naranja, mandarina, piña,  etc.  
Por ejemplo, mezclada con el azul brillante FCF, que también es conocido como el  E133, se utiliza para producir tonalidades verdosas y se clasifica de igual manera como sospechosa. Todo esto es muy utilizado en bebidas para deportistas que contienen electrolitos y las clásicas bebidas súper isotónicas de colores. De manera incongruente, existen “niveles de ingesta diaria que están permitidos”, los cuales varían en cada persona pero por lo general sería poco mas de medio gramo. Lo importante aquí es estar informados sobre los alimentos que contienen dicho producto, pues lo consumimos en gran variedad de productos diarios y es recomendable tratar de evitarlos. ¿De dónde viene la tartrazina? La tartrazina es un colorante sintético derivado del petróleo que está presente en todos aquellos productos de color amarillo, naranja, rojo o la combinación de azul para dar como resultado el verde (en caso de ser sintético) .
En los años 50’s creció un 500% el consumo de éste producto en los alimentos, lo que tuvo como consecuencia un desorden de conducta en niños, hiperactividad déficit de atención y una ingesta de alimentos en exceso, lo cual provoca una carga de antígenos que desafían al sistema inmunológico. Los colorantes también pueden ser absorbidos por la piel a través de la variedad de productos de belleza y  
cosméticos que usamos a diario. Este es un daño lento y silencioso pero al final se vuelve en algo grave que vamos anidando en el cuerpo y daña directamente el sistema inmune. ¿Qué daños causa en los órganos? Como ya mencionamos, se presenta el daño neuronal, de conducta y físico pero cabe recalcar que también produce daño al hígado, colon, estómago, vejiga, entre otros.  Si ves que algún niño con el que convives cambia su energía y conducta es hora de tomar la lupa y ver en las etiquetas de los alimentos que están consumiendo.